Hay días en que una amanece rara y se duerme rara. Con ganas de gritar, de recorrer lo jamás habitado, con recuerdos perdidos en espacios azules y rojos y marrones. Hay días raros como este, en que una amanece rara y se duerme rara.
Sigo bajo tu mismo cielo, del que definitivamente, aún, no puedo huir.
Escribo por tensión, pulsión, por vocación. Escribo porque no sé hacer otra cosa. Me declaro culpable de toda culpa inconfesable. Insomne, apasionada y otras tantas neurótica pero nada en serio.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
-
No me importa. No, no. Escúcheme un poco más. Temo al matrimonio, como temo a la vejez y a la muerte. Como al vestido blanco y a lo cotid...
-
Habrá que creer que la utopias no son tan lejanas, ni tan imposibles y pueden dejar de ser utopias. Medir la felicidad de los gobernados no...
-
Me despierta el sinfin de silencios que llevo dentro que guardo, que acumulo, que explotan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario