Debí de haber llegado a casa, lavarme los dientes, cambiarme la ropa y haberme tirado a dormir.
Y por el contrario, otra vez vuelvo a este insomnio que me mata.
Tienes razón, David, debes buscar un psicólogo.
Aunque, sabes... es una enfermedad crónica. No hay nada que cure el alma enferma.
Escribo por tensión, pulsión, por vocación. Escribo porque no sé hacer otra cosa. Me declaro culpable de toda culpa inconfesable. Insomne, apasionada y otras tantas neurótica pero nada en serio.
24 julio 2011
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Me despierta el sinfin de silencios que llevo dentro que guardo, que acumulo, que explotan.