¿Recuerdas las estrellas, el campo y el color azul inmenso que describí en nuestra llamada por teléfono?
Yo me quejaba del insomnio y mi paranoia y tú del frío al otro lado de la linea.
Ese frío que lo consumió todo. Es tarde y debo dormir, dijiste.
Yo buscaba urgar, mover, asaltar y habitar.
Pero lo único que pude articular fue una sintaxis hiriente para un adios.
Un adios falso e innecesario.
Y brotó el demonio, ese que a veces, sólo a veces me habita.
A pesar del miedo y los olvidos, que contados hacia atrás han sido tantos,
he pensado en volver al origen.
Pero mis manos ya no son las mismas, ni mis ojos ni mis cabellos.
Y me vuelvo otra.
Otras.
Muchas.
Tantas.
Dime, ¿has sentido esas ganas inmensas de sacarte los ojos como Edipo?
Hoy sólo veo a través de mis manos.
Escribo por tensión, pulsión, por vocación. Escribo porque no sé hacer otra cosa. Me declaro culpable de toda culpa inconfesable. Insomne, apasionada y otras tantas neurótica pero nada en serio.
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2 comentarios:
Citlalli, me gusta el texto. Sí que has (estás) estado intensa jejeje pero qué es la vida sin esa alta tensión que sacudiéndonos nos revela vivos. Un abrazo.
Si, me gustó... hay una parte que parece canción de la Guzmán: Hay un diablo en mí... =P
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