No hay nada más patético que llorar en silencio. Sin pataer puertas ni tirar libros.
Sin gemidos.
Duele, duele mucho.
Escribo por tensión, pulsión, por vocación. Escribo porque no sé hacer otra cosa. Me declaro culpable de toda culpa inconfesable. Insomne, apasionada y otras tantas neurótica pero nada en serio.
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Habrá que creer que la utopias no son tan lejanas, ni tan imposibles y pueden dejar de ser utopias. Medir la felicidad de los gobernados no...
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Me despierta el sinfin de silencios que llevo dentro que guardo, que acumulo, que explotan.
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